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28 de noviembre 2007 Kemal Dervis por el lanzamiento del Informe sobre Desarrollo HumanoAlocución de Kemal Derviş, Administrador del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en ocasión de
la presentación del Informe sobre Desarrollo Humano 2007/2008, “La lucha contra el cambio climático: solidaridad frente a
un mundo dividido” I. Aspectos científicos del cambio climático Aunque las consecuencias exactas de las emisiones
de gases de efecto invernadero son difíciles de predecir, actualmente sabemos lo suficiente para reconocer que hay peligros
enormes, potencialmente catastróficos. Entre éstos figuran el derretimiento de las capas de hielo en Groenlandia y la Antártida
occidental (que podrían dejar bajo el agua a muchos países), una enorme pérdida de la diversidad biológica y cambios en el
curso de la corriente del Golfo, que alterarían seriamente los patrones climáticos y constituirían un riesgo para toda la
humanidad. Como se señala claramente en el Informe sobre Desarrollo Humano 2007/2008, nuestra respuesta actual al
cambio climático tendrá consecuencias por lo menos durante los próximos cien años. Los gases que producen retención térmica
que emitiremos a la atmósfera en 2008 permanecerán allí hasta después del año 2108. La parte del cambio climático causada
por las emisiones de gases de efecto invernadero no es reversible en el futuro cercano. Por consiguiente, como comunidad global
que comparte un planeta, debemos tomar ahora las decisiones que afectarán nuestra vida y, muy especialmente, la de nuestros
hijos y nietos. Una auténtica preocupación sobre los efectos del cambio climático sobre las generaciones futuras nos
obliga a adoptar medidas ahora. Sabemos que el peligro es real. Sabemos que los daños causados por las emisiones de gases
de efecto invernadero serán irreversibles durante mucho tiempo. Y sabemos que aumentan cada día que pasa sin que actuemos.
Adoptar medidas ahora equivale a contratar un seguro contra posibles pérdidas enormes. El hecho de que no conozcamos con precisión
qué probabilidad hay de que estos daños ocurran ni cuándo ocurrirán exactamente, no invalida la necesidad de contratar un
seguro. II. Riesgo y vulnerabilidad de las personas más pobres Si consideramos que estas amenazas
a largo plazo no son suficientes para impulsarnos a actuar, y a actuar rápidamente, la realidad nos demuestra que el cambio
climático ya ha comenzado a afectar a algunas de las comunidades más pobres y vulnerables del mundo. Un aumento promedio de
tres grados centígrados de la temperatura mundial (respecto de la temperatura de la era preindustrial) en las próximas décadas
producirá en determinados lugares una serie de aumentos localizados que podrían duplicar esa cifra. Las consecuencias de un
mayor número de sequías, fenómenos meteorológicos extremos, tormentas tropicales y el aumento del nivel del mar se sentirán
durante nuestras vidas en extensas superficies de África, muchos pequeños Estados insulares y zonas costeras. El aumento de
las sequías, las inundaciones y las tormentas ya está socavando las oportunidades y fortaleciendo las desigualdades. Así pues,
aunque el cambio climático es un desafío para todos, se trata, primordial e inmediatamente, de un desafío para los países
en desarrollo de latitudes más bajas que deberán hacer frente a las consecuencias del calentamiento del planeta no en los
próximos siglos, sino en las próximas décadas. Aunque muchos países en desarrollo han realizado avances considerables
en materia de desarrollo humano y millones de personas salen de la pobreza cada año, los conflictos violentos, la falta de
recursos, la coordinación insuficiente y las políticas frágiles siguen obstaculizando el avance del desarrollo, especialmente
en África. Es cada vez más evidente que el reto del cambio climático también frenará el desarrollo. Por lo tanto, debemos
considerar la lucha contra la pobreza y la lucha contra los efectos del cambio climático iniciativas relacionadas entre sí
que se refuerzan mutuamente y, en los casos en que debe lograrse el éxito en ambos frentes, iniciativas conjuntas. III.
Estrategias para la adaptación y la mitigación Por consiguiente, para responder satisfactoriamente al problema
del cambio climático deberá incorporarse la adaptación a las consecuencias del calentamiento del planeta, pues éste afectará
considerablemente a los países más pobres aunque se pongan en práctica de inmediato iniciativas firmes para reducir las emisiones.
Los países deberán formular sus propios planes de adaptación, pero la comunidad internacional deberá prestarles asistencia.
Al mismo tiempo que abordamos la adaptación, también debemos comenzar a reducir las emisiones y adoptar otras medidas
de mitigación para que los cambios irreversibles que ya comenzaron no sigan intensificándose durante las próximas décadas.
Si la mitigación no comienza ahora, los países más pobres no podrán afrontar el costo de la adaptación dentro de 20 o 30 años.
Por lo tanto, la estabilización de las emisiones de gases de efecto invernadero para limitar el cambio climático equivale
a una póliza de seguro en beneficio de todo el mundo, incluidos los países más ricos. Asimismo, es una parte fundamental de
nuestra lucha contra la pobreza y del logro de los Objetivos de Desarrollo del Milenio. Insto, pues, a los dirigentes
de todo el mundo a que asignen la mayor prioridad a esta doble meta de las políticas en materia de cambio climático: limitar
el cambio climático futuro y ayudar a los más vulnerables a adaptarse a los efectos que ya son inevitables. Para lograr
estas metas, pueden ponerse en práctica distintas políticas. IV. Medidas nacionales y cooperación internacional En
primer lugar, es evidente que se necesitan grandes cambios y políticas nuevas y ambiciosas. En segundo lugar, aunque las medidas
que se adopten en materia de cambio climático producirán enormes beneficios netos con el correr del tiempo, al comienzo, como
en toda inversión, habrá importantes costos de corto plazo. Ello exigirá un liderazgo que trascienda los ciclos electorales,
pues las sociedades deberán convenir en el pago de los gastos iniciales para obtener los beneficios de largo plazo, incluidos
cambios en los estilos de vida. Uno de estos cambios se vincula con el transporte de las personas, la principal causa del
aumento del consumo de petróleo y la fuente de emisiones de dióxido de carbono de crecimiento más rápido. Como se indica en
el Informe, tanto los países en desarrollo como los países desarrollados deben cambiar la combinación de combustibles que
utiliza el sector del transporte para ajustar las políticas al balance de carbono. Me complace destacar que el Brasil es uno
de los ejemplos de mayor éxito a este respecto: una tercera parte del sector del transporte utiliza etanol basado en azúcar,
el biocombustible menos contaminante y más económico desarrollado en las últimas décadas. Quisiera agregar que, aunque
la transición hacia energía y estilos de vida que protejan el clima entrañará estos gastos de corto plazo, también podría
haber beneficios económicos además de los que se logren mediante la estabilización de la temperatura. Me refiero a los beneficios
que probablemente se produzcan por medio de mecanismos keynesianos y schumpeterianos en virtud de los cuales nuevos incentivos
para inversiones masivas estimulan la demanda general, lo que lleva a saltos de innovación y productividad en muchos sectores.
Aunque no podamos predecir plenamente la magnitud de estos efectos, tenerlos en cuenta podría dar lugar a un coeficiente elevado
entre beneficios y gastos como resultado de buenas políticas en relación con el clima. En tercer lugar, se reconoce
cada vez más que para la formulación de buenas políticas deberán tenerse en cuenta los peligros de depender excesivamente
de controles burocráticos. Si bien el liderazgo de los gobiernos es fundamental para corregir la enorme externalidad que representa
el cambio climático, deberán utilizarse los mercados y los precios para que las decisiones del sector privado se traduzcan
más naturalmente en decisiones óptimas sobre inversión y producción. Es más eficiente utilizar mecanismos de fijación de precios
que controles burocráticos. Por ejemplo, la determinación de precios para los gases de carbono y de carbono equivalente debería
ser parte fundamental de la política de mitigación para que su utilización refleje su verdadero costo social. Por último, pasemos
a la cuestión de los bienes públicos mundiales. Por ser el país en que está la selva amazónica, el Brasil tiene conciencia
plena de su enorme valor, que beneficia a toda la humanidad. A nivel mundial, las selvas aportan una amplia gama de bienes
públicos mundiales, uno de los cuales es el cambio climático. Por medio de contribuciones financieras para la protección y
el mantenimiento de estos bienes, los países desarrollados podrían respaldar incentivos sólidos para la conservación. Deberían
formularse mecanismos multilaterales para dichas transferencias, como parte de una estrategia de base amplia para la protección
de los bienes públicos mundiales. Por ello, he propugnado la incorporación de un elemento de concesiones en los recursos financieros
públicos disponibles para países de ingresos medios, como el Brasil, por parte de instituciones financieras como el Banco
Mundial o los bancos regionales de desarrollo. Según se destaca en el Informe, estamos en el momento justo para evitar
los efectos más perjudiciales del cambio climático, pero este momento no durará mucho. Las medidas que se adopten, o no, en
los próximos años tendrán importancia decisiva para el curso futuro del desarrollo humano. El mundo tiene los recursos financieros y la capacidad para desarrollar la tecnología necesaria para actuar. No obstante,
carece del sentido de urgencia, de solidaridad y de interés colectivo. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre
el Cambio Climático, que se celebrará en Bali (Indonesia) la semana próxima es una oportunidad singular para dar a las personas
más pobres y vulnerables del mundo importancia prioritaria en la lucha contra el cambio climático. Tal vez no resulte posible
alcanzar inmediatamente un acuerdo sobre todas las cuestiones, pero es muy importante lograr el acuerdo suficiente para adoptar
algunas de las medidas de política que son necesarias. Si bien aún vivimos en un mundo en que las personas siguen separadas
por enormes brechas de riqueza y oportunidades, aprovechemos la posibilidad de proteger lo único que todos compartimos: el
planeta Tierra. Pues en última instancia, nuestros destinos están unidos inextricablemente. Muchas gracias. |
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