26 November 2008
Ad Melkert: II Foro de Pensamiento Social Estratégico

Sra. Subsecretaria General de la ONU Asha Rose-Migiro, Director de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo Juan Pablo de Laiglesia, Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz, Directora de Cooperación con América Latina y el Caribe de la AECID Consuelo Femenía, Directora de UNDP para América Latina Rebeca Grynspan. Directora de la Organización Panamericana de la Salud Mirta Roses, Director del Fondo España-PNUD y asesor principal de la Dirección Regional de UNDP para América Latina Bernardo Kliksberg Ministros, Viceministros y autoridades sociales de todo el Continente Embajadores ante la ONU, y distinguidos invitados.

Cuando a mediados del año pasado nos reunimos en este mismo escenario para inaugurar el Primer Foro de Pensamiento Social Estratégico, una notable iniciativa del PNUD para América Latina, la AECID, y el Fondo España-PNUD, la realidad en América Latina y el Caribe era otra, y el contexto internacional representaba para la región desafíos diferentes. En las circunstancias actuales, este Segundo Foro asistido tan masivamente, constituye una oportunidad única para pensar juntos los mecanismos de protección social y las políticas sociales que podrán tener un efecto clave sobre la vida de millones de personas.

A pesar de todos los esfuerzos y los logros alcanzados en los últimos anos, América Latina y el Caribe sigue siendo una región de profundas disparidades y desigualdades. La desigualdad representa el principal desafío a largo plazo para la formulación de políticas en la región, ya que afecta el crecimiento, debilita la cohesión social y pone en peligro las instituciones democráticas, además de ser moralmente inaceptable. Por otra parte, el reciente ciclo de crecimiento económico y de reducción de la pobreza en la región se ve amenazado por la actual evolución de la economía mundial, tras el aumento del precio en los alimentos y la crisis financiera en desarrollo. La crisis, se hará sentir en el crecimiento, el empleo y los niveles de pobreza en la región.

En los últimos cinco años la economía de la región creció a su mejor ritmo en muchos años. Mientras que la tasa de crecimiento anual en todo el período 1980-2002 fue sólo del 2,2% al año, entre 2003 y 2007 la economía creció al 4.9 % anual. Entre los factores que llevaron a esta evolución figuran el buen crecimiento de la economía mundial, la liquidez en los mercados internacionales, la recuperación de los precios de las materias primas -una mejora de alrededor del 30% en los últimos cuatro años-, y la
expansión de la demanda mundial, estimulada en gran parte por las altas tasas de crecimiento de la economía China. Además, la región está aplicando, en el marco de su diversidad de puntos de vista y variedad de instrumentos, políticas vigorosas de crecimiento productivo, y políticas prudentes de gestión macroeconómica.

La migración también ha desempeñado un papel clave en muchos casos. Las remesas -que en 2007 alcanzaron la cifra récord de U$S 66.500 mil millones- representan la principal fuente de ingresos de divisas de la región, superando a la ayuda exterior y, en muchos casos, la inversión extranjera. Este factor también sufrirá un cambio como producto de la situación actual.

El ciclo de crecimiento está, muy probablemente, en un punto de desaceleración debido a la actual situación mundial. Las condiciones externas están gravemente dañadas y será necesario algún tiempo para que puedan mejorar. Los modos en que esta desaceleración se manifieste variarán de país a país, dependiendo de la estructura económica, pero sin duda supondrá un reto principal para el conjunto de la región. Estudios recientes muestran que alrededor del 40% de las fluctuaciones al crecimiento en América Latina y el Caribe no dependen de las condiciones internas. Las tendencias de las exportaciones de productos manufacturados, la exportación de materias primas y productos agrícolas, los flujos de capital, las remesas, y otros factores, se podrían volver contra los objetivos de crecimiento de los responsables de formular políticas.

La desaceleración también hace evidentes problemas estructurales. Uno de ellos es la insuficiencia de los sistemas de protección social para ayudar a las personas a hacer frente a estos choques, y la falta de la fortaleza fiscal necesaria para ponerlas en práctica. No hay duda, sin embargo, que la región debe poner en el centro de su agenda el gran desafío del desarrollo social y la equidad, dos factores que definirán la América Latina contemporánea. La región tiene el mayor coeficiente de Gini en el mundo. El 10% más rico obtiene el 48% del total de ingresos, y el 10% más pobre sólo recibe el 1,6%. Pero las desigualdades no se agotan en estas cifras. Por ejemplo, las asimetrías de acceso a los bienes productivos y a los mercados de crédito son similares a la situación ilustrada por el alto coeficiente de Gini. Incluso en los casos en que la cobertura en la prestación de servicios públicos ha mejorado, por ejemplo, en materia de educación, la amplia variedad en la calidad podría ser un indicador de las
grandes diferencias en el futuro de oportunidades para los más desfavorecidos. La salud pública también plantea grandes retos: las tasas de mortalidad materna y la mortalidad infantil varían drásticamente a través de la América Latina y el Caribe, muy asociada a estratos socioeconómicos y al origen étnico.

Incluso después de muy importantes avances, sigue habiendo una gran diferencia en términos de la equidad de género. En este contexto ha habido progresos significativos en varias de las metas del milenio, pero subsisten retrasos en metas como la mortalidad materna, la pobreza extrema y la sostenabilidad medio ambiental. Los progresos hacia las metas pueden ser puestos en riesgo por los impactos de la crisis, y deben tomarse las mayores providencias posibles al respecto.

Las cifras también muestran que la pobreza en la región tiene diferentes "rostros" o dimensiones: la incidencia de la pobreza aumenta drásticamente para los pueblos indígenas, las poblaciones de ascendencia africana, las personas con discapacidad y los adultos mayores. Mientras tanto, las cifras de exclusión, principalmente en el mercado laboral, son especialmente graves para los jóvenes, tema central de este Segundo Foro Estratégico.

En este contexto, la región está respondiendo enérgicamente a sus realidades y desafíos. Los gobiernos están colocando la cuestión social y las metas del milenio entre sus prioridades, hay una nueva generación de políticas sociales y hay una sociedad civil activa, cada vez más articulada y participativa.

Resulta crucial definir cómo hacer frente a estas nuevas condiciones del escenario macroeconómico, mientras nos ocupamos seriamente de adoptar las medidas para un desarrollo social sostenible y con inclusión. Existen importantes preguntas abiertas que requieren de pensamiento estratégico para ser respondidas adecuadamente. Entre ellas, cuáles son los mejores modos de coordinar políticas económicas y políticas sociales, y cómo mejorar la eficiencia del estado mientras promovemos mercados socialmente responsables. Por otra parte como poner en marcha enérgicas políticas contracíclicas para proteger en economías tan desiguales a los más vulnerables que serán sin duda los más afectados por la crisis internacional.

Aquel debate generado por la antinomia entre mercado y Estado ha sido superado. La región necesita ahora más alta calidad de política pública, un Estado fuerte, y también un buen funcionamiento de los mercados, orientado por principios de responsabilidad social. Necesitamos nuevas opciones de política en términos de cómo generar oportunidades en las regiones más aisladas y excluidas, cómo construir puentes hacia la inclusión de los jóvenes marginados, cómo formar un gran pacto para hacer frente a la
pobreza y la inequidad, y mejorar la cohesión social.

Estoy seguro de que este Segundo Foro Social de pensamiento estratégico, que el PNUD y la AECID convocan conjuntamente, con el apoyo del Fondo España-PNUD que ha obtenido resultados tan exitosos poniendo en marcha en un breve tiempo 93 proyectos nacionales, y 22 iniciativas regionales, representará una vital y útil herramienta con el fin de responder a estos retos, de forma creativa y eficaz.

La región necesita liderazgo social. Las deliberaciones de Ustedes autoridades sociales de todo el Continente contribuirán sobremanera a forjar el pensamiento social estratégico que hoy más que nunca requieren América Latina y el Caribe para encarar una agenda critica de problemas en los que están en juego el cumplimiento de las metas del milenio que implican los derechos más elementales, como la salud, la educación, el trabajo, el futuro de los jóvenes, y el enfrentamiento de las inaceptables inequidades del Continente.